Susana Giner 3 junio, 2017
Argumentar que la cerveza es beneficiosa para la salud porque es una de las bebidas alcohólicas de menor graduación, es tan sensato como afirmar que tirarse
desde un primer piso es saludable porque lanzarse desde un quinto es peor. Absurdo, ¿verdad?, sin embargo, te lo juro, sobre este razonamiento muchos construyen la más que intrépida tesis de que ‘la ingesta de cerveza es saludable’.

De que de semejante milonga muchos hayan hecho dogma corporativo, extraía yo la conclusión de que el sector es inmaduro; hasta que caí en la cuenta de que el sector del vino, granaíto ya, hasta un poco rancio, recurre a argumentarios similares.

Y ahora hablemos de cosas serias:
Sin caer en el absurdo anterior, circula viral por la red un montón de literatura de aspecto más serio y ribetes científicos sobre los beneficios para la salud de la cerveza. Los actores del sector les damos pábulo, espoleados por un irreflexivo entusiasmo corporativo, y compartimos por las redes y le damos Me Gusta a supuestos resultados de estudios que avalan la teoría de que beber cerveza, artesana o no, es buenísimo para la salud, detrás de los cuales, por cierto, suele haber instituciones más bien poco imparciales.
Que todo es bueno si es con moderación, dicen.
La moderación no vuelve saludable lo que es perjudicial, como mucho minimiza los daños. Al revés sí sucede: lo que es bueno con moderación, el exceso lo vuelve dañino. 
Y es que es beneficiosa porque tiene vitaminas, minerales, antioxidantes… y los tendrá, no lo dudo, pero las cuentas sobre la relación beneficio/perjuicio para la salud no salen favorables a la cerveza, las hagas como las hagas, porque la cerveza es una bebida alcohólica, con todo lo que ello implica, que no es poco, y beber alcohol, tenga este la forma que tenga, es malo. 
La cerveza no aporta ningún beneficio que no aporte un diente de ajo, una manzana o un puñado de almendras y sí, en cambio, más perjuicios.¿Unos datos concretos? Solo unos pocos y solo referidos al cáncer:
·Está comprobado que el consumo de alcohol es un factor principal de riesgo de algunos cánceres de cabeza y de la cavidad oral, faringe y laringe. El consumo de 3,5 bebidas (cada cerveza cuenta por una) o más al día supone un riesgo dos o tres veces mayor de padecer estos cánceres
·El alcohol es la causa principal de cáncer de hígado.
·Un estudio reciente en Reino Unido concluyó que cada 10 gramos de alcohol consumidos al día, aumenta un 12% el riesgo de cáncer de seno.
·Un 3,5% de muertes en EEUU están causadas por cánceres provocados por el consumo de alcohol.No son datos agradables de leer, está claro, pero esto es lo que hay.Aunque la gente no es tan idiota como para echarse a beber birra a cubos para curarse un cáncer solo porque unos cuantos se pongan a twittear como descosidos que la cerveza es el aloe vera líquido o las bayas de Goji con gas o el nuevo súper alimento espirituoso, para mí, fomentar, promover o animar el consumo de alcohol, tenga este la forma que tenga, hipster, progre, moderno, snob, cool, guay, glamouroso… es una irresponsabilidad rayana en la indecencia. Por responsabilidad y por ética, los actores de la escena cervecera tenemos que ser muy cautos con este asunto; pero también por interés: si pretendemos que se nos tome en serio, que no nos pillen ebrios de entusiasmo y repitiendo eslóganes estúpidos e inventándole virtudes a la cerveza. 
Pero al margen de lo pueriles que puedan parecerme estas actitudes, hay algo que me molesta todavía más.

Inventarle a la cerveza cualidades saludables es una forma de desvirtuarla y refleja un reduccionismo bobalicón (y un tanto ofensivo para quienes nos dedicamos a ella). Evidencia que no se la considera un producto gastronómico. Gastronomía es el arte de la sensualidad a través de los alimentos. 
Como ya dije antes, para mí es indecente fomentar el consumo sin más de cualquier tipo de bebida alcohólica. Solo lo acepto si forma parte de un plan de desarrollo global del individuo que incluya la educación en el consumo de alcohol, su degustación y su evaluación como producto cultural. Eah, eso he dicho, sí, ‘producto cultural’. No pretendo ponerme galones ni dignificar mi oficio con trivialidades, pero es que para mí la cosa va de esto: La cerveza es cultura, es superflua, es prescindible y es interpretable, por eso precisamente es placentera.
Yo no vendo salud, ni quiero. Ni que decir tengo que si de mí dependiera que la cerveza fuera saludable, lo sería, no tendría sentido lo contrario… pero… pero… la verdad es que no estoy segura de que si dependiera de mí la cerveza fuera saludable. Yo no necesito que la cerveza sea saludable, es más, me temo que perdería parte de su encanto si lo fuera porque creo que parte del encanto de muchos placeres es que no son convenientes y son, además, prescindibles y superfluos. Sibaritismos humanos… quién los entiende…
Yo vendo ‘cultura’ y quiero vender ‘reflexión’, quiero vender ‘placer’, ‘moderación’, ‘elección’, ‘proyección’, ‘momentos especiales’, ‘análisis’, ‘liturgia’…  quiero vender esnobismo y todo lo contrario, lujo y todo lo contrario, postureo y todo lo contrario, lonchafinismo y todo lo contrario, friquismo y todo lo contrario, ritual y todo lo contrario, fascinación y todo lo contrario… en definitiva, quiero vender un artificio que compensa el no ser saludable con beneficios refinados.
No hace falta inventarle atributos saludables a la cerveza, por sí misma es fascinante.
Y todo esto me lleva al mismo punto que la mayoría de reflexiones alrededor de la cerveza: el líquido, lo que hay en el interior de la botella, es quizá lo menos importante en la degustación de una cerveza.

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