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Susana Giner 28 febrero, 2019

Yo entiendo, señores agentes, que es su trabajo… y, claro, si alguien grita ustedes tienen que acudir, pero les estoy diciendo que era mi mujer, ¡mi mujer!, ¿no me oyen?, oiga, no me empuje, que le digo que es… era mi mujer… me tenía contento, la desgraciada… sí, la Merche… ¿nombre completo?… Merche… esto… Mercheeeee… Mercedes… Mercedes Ramos Gutiérrez… eso es, Ramos como su padre, un santo, y Gutiérrez como la desgraciada de su madre, mi suegra, que de tal palo tal astilla… ¡y yo no quería matarla!, tanto no, eso que conste, que ha sido mala suerte, un mal golpe… yo les explico qué ha pasao para el informe forense ese y el papeleo, y para el juez, que ya me supongo que, aunque sea mi mujer, tendré que ver a un juez… pues el caso es que la desgraciada me ha atacao y yo me he defendido como he podido, le he dado mal y se ha quedao tiesa… si ya lo he visto, ya, en el mismo momento en que ha caído así, como un saco, que la Merche últimamente se había puesto como un trullo de gorda, me he dado cuenta de que no valía la pena ni llamar a la ambulancia… y entonces han llegao ustedes… que con lo loca que se ha puesto lo que me extraña es que no hayan venido antes, porque chillaba como una berraca, como si la estuvieran matando o algo… bueno… jajajajaja… ahora que lo pienso, la estaban matando… tiene gracia, ¿no?, pero yo no quería, en serio que no… es que no sé qué ha pasao, la verdad… ¡me desquiciaba! y he tenido un pronto… no entendía, ¡no entendía!… yo se lo explicaba por las buenas… ¡se lo expliqué muchas veces! porque yo no soy un machista de esos y creo que antes de soltar una hostia es mejor hablar y explicar las cosas, pero ella no entendía, oiga, y hacía lo que le daba la gana… a ver, que sí, que más de una vez le he dejado un ojo a la virulé o le he roto el labio, pero poca cosa, y es que ella no me dejaba opción, ¿sabe?, que, a mí, antes de pegar, me gusta hablar, pero ni así, ella hacía lo que le daba la gana, sólo por tocarme los huevos… ¡que me tenía contento!, llegaba a casa a la hora que le salía del coño, oiga… últimamente estaba muy rebelde, yo le preguntaba por las buenas que dónde había estao, que en hacer la compra no se tarda tanto, porque igual llegaba a casa a las ocho o más, y ella me decía que ‘por ahí’… ¡¿cómo que ‘por ahí’?!, ¿qué respuesta es esa?, que la primera vez me hizo hasta gracia y todo, que pensé menudos ovarios con la broma… fui comprensivo porque la Merche estaba un poco picada, eso una vez o dos lo aguantas, pero llega un momento en que ya no tiene puta gracia, y hoy llega la muy zorra otra vez tarde y me dice lo mismo, que “estaba por ahí”, y, entonces, por las buenas, la he agarrao y la he sentado ahí, en el sillón ese de la sangre, y le he explicado que yo soy su marido, que no me puede responder “por ahí” tan ancha, ustedes me entienden, ¿verdad?, le he dicho qué cojones es eso de “por ahí” y le he dao una hostia pero pequeña… ¡y entonces va y me suelta que ella tiene su vida y sus amistades y que tiene derecho…! ¡¡Derecho!! eso sí me ha encabronao… ¡derecho!, que ¡e-lla tie-ne de-re-cho!… y ahí yaaaaaaa… ¡¿derecho?! ¡derecho por los cojones!, que encima me va a salir feminista ¡la muy puta!, que lo siguiente es que sea bollera… bollera y celosa… lo que faltaba… que todo esto es por celos, señor agente… ahí me ha tocado los pantalones bien tocaos y le he soltado una yufa en toa la boca que se ha caído al suelo… porque una cosa es que no folláramos, que, mira, la verdad, a mí me la pelaba, yo tengo mis cosas por ahí, ¿saben ustedes?, mis rollos… y, si no, una puta, que siempre tienen ganas y no protestan… porque yo, para obligarla y que luego me ponga malas caras y me haga sentir como un violador, que ya ha pasado eso, pues no, ¿sabe, agente?, que yo no necesito violar a nadie, que ya tengo mis asuntillos, así que pasaba de su cara, ya vendrá ella a buscarme, ya, que cuando a las mujeres les pica ahí abajo se les pasan los berrinches… y es que resulta que ella estaba de pataleta, ¿saben? porque la señorita, que es… era muy fina… para darme una lección o algo, llevaba durmiendo en el sofá un mes y medio… desde que se enteró de lo mío con la Conchi, una compañera de trabajo, ¿saben?, la oficinista del almacén… pedazo de tía… huuuuum!… espectacular… que ya saben que un hombre tiene sus necesidades… yo no soy de esos que sólo piensan en follar y no pueden controlarse, pero es que cuando se te ponen a tiro… y esa, ¡uf!, tiene vicio, que la primera vez se me puso a huevo, vamos, que se me espatarró, así, literalmente… uffffff… y si te echas patrás, los compañeros que si “mariquita”, “mariquita”, y eso sí que no… maricón yo no, ni de coña, ¿eh?, antes un cáncer, el caso es que la Conchi y yo nos vimos un par de veces, no se lo dije a la Merche por no hacerla enfadar, que a veces tenía un carácter y unas paranoias… yo ni llegaba tarde a casa y cumplía con ella y no me lo notó en nada, y pensé “pues, mira, si no se entera, mejor”… bueno, el caso es que se enteró, alguien se lo diría, y le cogió un berrinche que paqué y empezó a dormir en el sofá, y eso que no era la primera vez… pensé que le duraría unos días y punto y volví a quedar con la Conchi… ¿qué iba a hacer?, si no puedo follar con mi mujer, me busco la vida fuera… y desde entonces que está insoportable, me vacila, y eso sí que no, que yo puedo ser un tío razonable pero ella es mi mujer y a mí no me toca los huevos… pero, a ver, que me estoy yendo, lo sé… el caso es que la Merche, cuando le doy la hostia, empieza a chillar como una berraca, me llama hijo de puta y me tira un jarrón que casi me da, que si me da en la sien me deja en el sitio, ¡la muy puta!, y eso sí que no, que les aguantas las reglas y las histerias y los celos y las llevas de compras y se te suben a la chepa… y, la verdad, no recuerdo bien qué ha pasado… estaba tan cabreado que la he levantado del cuello y le he dao con lo primero que tenía a mano, un cenicero, creo, y ella gritaba y gritaba, que ha armado uuuunaaaa… la muy histérica, como una loca… que no me extraña que algún vecino les haya llamado pensando que pasaba algo, que había entrado alguien en casa y nos estaba torturando, qué sé yo… y, eso, que no sé cuántos golpes le habré dao… no muchos, ¿eh?, tres o cuatro, no sé… y, mira, con la mala suerte de que le he dao mal o algo y es cuando se ha callado y se ha caído al suelo y ya he visto que la cosa era seria… pero ya está, era mi mujer, no pasa nada, y es que con eso de los derechos, hoy es “tengo derecho” y mañana es “me follo a Luis”, y eso sí que no, que yo no sé cómo se permite esa mierda del feminismo, coño, que ahora además quieren derechos… ¿no votan ya? ¿no trabajan también como los hombres?, pero eso no les basta, no, ellas quieren hacer lo que les da la gana, y digo yo que si las cosas han sido siempre de un modo, por algo será… que van todas como tontas repitiendo lo que dice una panda de tortilleras, “tengo derecho”, “tengo derecho”, que le tocan la moral a un hombre hecho y derecho como yo y pasan estas cosas…

Viva Epaña!

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