Susana Giner 2 octubre, 2013


Un día de estos en la tienda:
-¿Y todas estas cervezas las hacéis vosotros?
–más que preguntar, espera confirmación, refiriéndose a toooooooooooooooooooooooooooooooooooooda la tienda.
La pregunta me suena del todo franca. Yo me lo miro con los ojos en las manos porque se me han salido de las cuencas.
El hombre, de unos 60 y largos, viene
acompañando a unas señoras de su quinta y a un par de muchachos que me están
llenando la tienda de exclamaciones de asombro. No les había visto nunca por aquí.
-Son muy bonitas –añade ¿con sorna?
‘Son muy BONITAS’ repito mentalmente,
deteniéndome en el adjetivo para desentrañarlo.
Me debato entre sentirme halagada, pese a
carecer de instinto maternal, y mosquearme porque pienso que me toma el pelo,
quizá por ‘impresionar’ a las mujeres, que están a otra cosa, por cierto, y no
siguen la conversación.
-¡No, hombre, no! ¿Cómo vamos a hacer
nosotros todas estas cervezas?
-¿No? 
Ahora es él quien me mira sinceramente
sorprendido.
-No, claro que no. 
-Entonces… ¿No las hacéis vosotros? ¿Sólo las
vendéis? -su tono tiene algo de decepción.
-Hacer todas estas cervezas sería humanamente
imposible –le habría mencionado a Mikkeller pero supuse que la referencia no
aportaría luz a la cuestión.
 -Pero… pero… pero si todas las cervezas
son iguales, sólo les cambian las etiquetas, ¿no? – y se queda esperando una
respuesta.
No se me ocurre nada que decir. Lo miro
perpleja. Lo dice de corazón, estoy segura.
Y entonces pienso ‘pobre, jamás ha probado
una cerveza de verdad, siempre ha bebido San Miguel o Estrella o Heineken
o cualquiera de las marcas con que se vende el refresco de extractos de
cereal más consumido en el mundo
y me felicito a mí misma, ufana y
orgullosa, por esta frase mía, gran frase, que me parece la mar de ingeniosa, ‘y
además es proclive a las teorías conspirativas y necesita que alguien le abra
los ojos y seguramente esa es mi misión…’ y entonces, en una pausa bastante
teatral, me invisto de dignidad apostólica, empiezo a reducir mentalmente

una realidad tan compleja a una disertación evangelizante
y cuando ya estoy a punto de subirme al púlpito, me guiña un ojo y se marcha.
Sin más.
Me reí.
Supongo que se aburrió de tomarme el pelo o
quizá previó lo que se le venía encima. Nunca sabré la verdad.
Sí, la historia acaba aquí. Habría molado
mucho más y habría sido más efectivo como desenlace que el quasisetentón se
quitara una máscara y fuera Carlos de Agullons o Boris de Mesones o Rodrigo de
El Jardín del Lúpulo o Erik Coene o el dueño de Damm, a quien no tengo el gusto
de conocer y habría sido una bonita forma de limar asperezas, y me dijera ¡sorpresa! pero no os lo habríais creído. Además, he
cumplido ya 38 años y a mi edad se ha desarrollado el sibaritismo de las
paradojas, el gusto por los contrastes y el humor se encuentra muchas veces más en los procesos interiores y no tanto en las caídas o en los enredos.

6 pensamientos a “NUNCA SABRÉ LA VERDAD o LA EDAD DE LA INOCENCIA o EL RIDÍCULO PROPIO o SON ESTAS COSAS LAS QUE ME HACEN GRACIA

  1. ¿Cómo has descubierto que era yo? Precisamente me tuve que ir corriendo porque la máscara de piel humana que me había confeccionado se empezaba a desprender (eso que tú confundiste con un guiño) y se hubiese descubierto el pastel.

    Ahora en serio: Alguien que sólo ha bebido una "cerveza" (o un tipo de cerveza) en su vida, es normal que vuestra tienda le parezca más una colección de objetos decorativos que otra cosa. ¿Para qué va a pagar tanto por "cervezas" si imagina que lo de dentro es "refresco de extractos de cereal más consumido en el mundo", si no es por su etiqueta "bonita" o por su botella italiana? Yo le comprendo. Lástima que no se haya quedado a aprender. Nunca es tarde para descubrir cosas nuevas.

  2. Normalmente tengo convarsaniones con setpuagenebierois muhco mas oprecisos que con jovenes que escriben vaon faltas. Entoiendp que si incluyo los palabros sexo, gerentofilia, pederastia, zoofilia, suicidio, cropofilia, hijad, revolucion, honestidad, inociencia en una frase puedo ser detenido legalmente aunque sea menor.

  3. Cuando aún no me teníais fichado el careto, había jugueteado mentalmente con la idea de hacer alguna intervención merecedora de un OÍDO HOY o similar. No llegué a hacerlo, pero a mis 20 largos de esos momentos también disfrutaba del humor de los procesos interiores, aunque fueran meras proyecciones imaginarias ;-). Saludos.

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