Susana Giner 1 junio, 2018

El discurso político y periodístico actual más extendido lleva implícito que existen ciudadanos de 1ª, de 2ª y hasta de 3ª categoría. La categoría del ciudadano depende del signo de su voto.

Nuestros políticos no paran de darse golpes en el pecho proclamando sus profundos principios democráticos y de cruzar acusaciones de lo contrario a sus rivales políticos.
El señor Rivera es un buen ejemplo. El señor Rivera es un demócrata de firmes convicciones, de ahí que, movido por sus férreos principios democráticos, insista muchísimo estos días en consultar a la ciudadanía sobre el futuro del país. Que los sondeos sean favorables a C’s es puritica coincidencia.
Sin embargo, para Rivera (y Rajoy y Sánchez) algunos partidos políticos no son respetables y no se debe ni contar ni pactar con ellos, pese a que hayan sido elegidos en las urnas. Esos partidos políticos son los nacionalistas periféricos (los nacionalistas centralistas son ellos) y los independentistas. Da igual que esos partidos estén inscritos en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior español, que estén formados por españoles y que representen a españoles que los votan en urnas españolas; son españoles ‘escoria’ y no cuentan.
Esos con los principios democráticos de nuestros políticos.
Los señores Rajoy, Sánchez y Rivera son también unos firmes convencidos de la españolidad… La españolidad, según ellos, no se elige, viene de serie, y, con ella, el orgullo patrio. Tan firme es el sentido españolcrático del señor Rivera que ve españoles en todas partes, no ve personas, solo españoles. Ve españoles incluso en quienes no se sienten españoles.
Es verdad, tener o no tener una nacionalidad u otra de entrada, no es algo que uno decida, le viene dado, le guste o no. Luego se pueden solicitar otras o hacer méritos para perderlas pero esa es otra historia. El caso es que lo que siente el corazón de uno, el bolsillo o la costumbre es una cosa, pero lo que rige a efectos prácticos es aquello que pone en tu carné de identidad.
Español es todo aquel en cuyo carné pone que lo es. Así que los nacidos en Catalunya somos, de forma impepinable, administrativamente españoles, tan españoles como los nacidos en Córdoba, Badajoz, Teruel… aunque a algunos nos chupe un huevo; y también somos catalanes, aunque a algunos nos chupe también el otro huevo.
Resulta que algunos españoles quieren dejar de serlo, y habrían preferido hacerlo por las buenas y en las urnas; pero eso no es respetable. Ni siquiera aunque sean un número nada desdeñable, alrededor de 3 millones, es digno de tenerse en cuenta, pese a la firmeza de las convicciones democráticas de nuestros políticos. Nada, aquí solo se vota lo votable.

Es decir, españoles somos todos, por cojones, solo que hay españoles de 1ª, que son los que piensan como ellos y de 2ª, que son todos los demás, y un escalón más abajo está la ‘escoria’, los terroristas, los golpistas, que son aquellos EJPAÑOLES que votan a los partidos independentistas…
Claro que, llegado el caso, si es necesario, nos hacemos unas croquetitas con nuestras palabras y nos las merendamos, como ha hecho Sánchez para poder pactar con los ‘golpistas catalanes’ y con ‘los amigos de ETA’ y gobernar. Pero lo ha hecho por exigencias de su sentido de la responsabilidad, de su vocación de servicio a España, mientras su alma rojigualda lloraba.
Aquí en Catalunya ocurre algo similar. También existen catalanes de 1ª y de 2ª, e incluso de 3ª. La catalanidad la define, administra y reparte el grupo que tenga la mayoría parlamentaria o más músculo en la calle y en TV3.
Pocas cosas pueden ser tan perversas en un Estado de Derecho como el que existan ciudadanos de distintas categorías. A mí me sorprende muchísimo que lo aceptemos pero, cuando lo analizo, me doy cuenta de que prospera porque todos colaboramos en la construcción de ese discurso y lo usamos a conveniencia.
Los ciudadanos somos los mayores interesados en acabar con esta paradoja perversa, si no es por sentido democrático, que sea por egoísmo: hoy sirve para aplastar a quienes no piensan como tú pero mañana puede ir en tu contra.<- font=»»></->
Por cierto, con lo demócratas que son todos, firmes convencidos, y no dejan a los españoles residentes en Catalunya expresarse sobre su futuro. Especulan, hablan en nombre de los catalanes, se inventan mayorías, minorías, pareceres… dicen que los catalanes piensan esto, los catalanes quieren lo otro… No tengo ni puta idea de cómo saben qué queremos los catalanes, todo son hipótesis y facturas de Demoscopia, con lo facilísimo que resultaría preguntar en un referendo bien organizado y con garantías.
Y no, no tiene sentido que los españoles residentes en Fuengirola o Santurce o Mérida opinen sobre las cosas de los catalanes residentes en Catalunya, por más que Rajoy-Rivera-Sánchez se empeñen en que sí… A los españoles residentes en Catalunya también nos afecta mucho quién gobierne en la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha o en la de Madrid y no participamos de esa decisión.

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