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ddspumat 30 abril, 2019

El vino a veces se infiltra entre las cervezas tratando de pasar desapercibido.

Dos señoras mayores, muy mayores, muy encogiditas ellas, arrugaditas, entran con gran esfuerzo (el escalón de entrada es alto y la puerta es algo pesada).
-Buenos días -dice una de ellas.
-Buenos días.

Anécdotas de la venta de cerveza.

-¿Tienen botellas de medio litro de vino? -pregunta la otra, con una sonrisa exagerada para sostener las gafas en su sitio.
-No, no tenemos vino –digo con el corazón encogido, los ancianos me conmueven – Sólo tenemos cerveza.
-¿Sólo cerveza? -dice una de ellas, mientras ambas miran de arriba a abajo todos los estantes de la tienda.
-Sólo cerveza.
-¿Incluso ese vino? –dice señalando, obviamente, una botella de cerveza.
-Eso es cerveza.
-¿Ese vino es cerveza?
-Cerveza, sí.
Se miran entre ellas, se ríen, se lo miran todo asombradísimas, se miran otra vez, me miran y se despiden. Se cogen entre ellas del brazo y mientras se dirigen a la puerta:
-¿Has visto qué cantidad de botellería?
-Uis, sí, qué cantidad…
-Pues la nena esa dice que todo es cerveza pero a mí no me engaña, yo sé que es vino.

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