Susana Giner 28 marzo, 2015

Hacer cerveza no es fácil, no, nada fácil. Vivir de la cerveza artesana es mucho más difícil. Aquí explico mi primera experiencia y cómo me ha llevado a revisar posicionamientos anteriores.

Para
entender bien este post se necesita algo de información previa.

Hace unos meses, 2D2Dspuma se complicó la existencia lanzando una línea de cervezas
concebidas, diseñadas y elaboradas por nosotros y un cervecero profesional en
las instalaciones de este, bajo el nombre impliK2 y quien fuera en cada caso. Cada creación, edición limitada y poca producción, ha de suponer un reto para ambas partes: una cerveza difícil, raruna o friqui o
simplemente un estilo inédito para el cervecero, y contener mucho humor, i
nevitable si ando yo por medio, que eso de las chorradas me puede. 

El caso es que
arrancamos impliK2 con IPAntoja, una AIPA (American India Pale Ale) elaborada con Santa Pau Ales, una
micro sita en Santa Pau, Girona, muy joven. Como es fácil suponer, se trata de una IPA ‘dedicada’ a una figura famosa ¿y relevante? de
nuestra sociedad. 

Por si quieres chafadear: impliK2
La crónica
técnica de IPAntoja: malta, agua, lúpulo en cantidades ofensivas y levadura, y un
proceso cervecero típico. No, nada reseñable que pueda ser desvelado. 😉
¿Y por qué IPAntoja y por qué con Santa Pau Ales?
Hace muchos
años que conocemos a Jose. Le enviábamos material de homebrewer cuando afinaba
recetas en su casa. Aunque no le conocíamos, por mail había buen
rollo, algo que solo puede justificar un ejercicio de imaginación entorno a la significación de lo que se dice y de lo que no se dice en un correo comercial.
Muchos
pedidos después, le conocimos en una cata cuya temática no recuerdo,
pero sí recuerdo que conectamos enseguida, al menos yo con él. Me pareció un
buen tipo.
Jose es un
tipo muy discreto, tal vez demasiado para mi gusto. No nos contó sus planes de
‘profesionalizarse’ hasta que vino con su primera cerveza ‘comercial’: su Brown
Ale de Santa Pau Ale, elaborada en ‘casa’ ajena. La cogimos para la tienda y al
poco empezamos a distribuirla.
La relación
se fue estrechando en todos los aspectos.
Jose, además de discreto, es un tipo sencillo. Todo es
fácil con él, no es necesario pormenorizar ni filar molt prim porque como siempre se rige por el sentido común, la justicia y la buena fe, si tú haces lo
mismo, acabáis coincidiendo.
Jose y yo
hablamos mucho y muy a menudo. Aunque no lo parece, es un guasón y parte de la
conexión se da a través del sentido del humor. Yo hago buenos chistes
que él sabe apreciar, y él lo intenta. A ambos nos
gusta jugar con las palabras, Jose no es tan ingenioso como yo pero me da réplica y ya me basta. 😉
Pese a que el obrador
de Jose es muy chiquito, le costó un huevo montárselo en términos
de tiempo, trabajo y dinero, y también favores. Por suerte y por lógica, no le
faltan amigos.
Yo le decía, con ese don que tengo para el conforte: ‘Nadie dijo que fuera
fácil’; él respondía: ‘Ni tampoco tan difícil’. Francamente, alguna vez pensé
que desistiría pero no se lo dije, no sé por qué. Me estoy humanizando y me preocupa.
Can Santa Pau
Ales
es chiquito y perfecto precisamente por eso, porque está dimensionado a las necesidades
del brewer: exactamente lo que necesita para vivir haciendo algo que le gusta como le gusta (por fortuna se le da
bien la birra porque si tuviera que vivir de sus chistes…).


Todas estas circunstancias y la proximidad física y personal propiciaron que impliK2
arrancara con Santa Pau Ales. Y creo que ha sido un acierto.
IPAntoja.
Nos decidimos por una IPA no muy alta de alcohol y bastante burra de amargor, que es como nos gustan a nosotros, sin más pretensiones. Yo me las bebo de 6 en 6 el día que estoy desganada.

No ambicionábamos nada más: entrar en el mercado con un buen producto en todos los sentidos y ver cómo este reaccionaba a la propuesta de impliK2


Antes que
la cerveza tuvimos el nombre, IPAntoja. Nos había dado por buscar nombres a
hipotéticas birras y durante unos días todas las frases acabaron en ‘ale’ y
todas las palabras empezaban por IPA. Y
tanta ipa y tontadas y juegos de palabras y risas simples con alguna cervecilla
de más, nos llevaron a homenajear a la folklórica de fiscalidad distraída y dientes, dientes.

Y de un ‘No
hay cojones’ a un ‘¡Anda que no!’ va un pequeño paso que recorre el gesto incrédulo y de ‘no tienes remedio, qué voy a hacer con vosotros dos’ de María y nos mete directos en
el obrador de Jose una mañana de domingo, con la cámara y la sonrisa de Àgatha de BeerDelux (ahora en Clickam, mucho sueño, un bocadillazo de 3 quintales en el estómago, 
las bolsas de basura… digo… las balas de lúpulo a cuestas (recibir unos muy ricos y frescos nos llevó a cambiar la receta en el último momento), y 7 capas de
prendas de abrigo por la advertencia de que hacía mucho frío. ¿Frío? Vaya panda de nenazas… rasquilla todo lo más.

Así y con un objetivo claro irrumpimos en la cotidianidad de Jose.
Ese día él hizo todo lo que estaba a su alcance para que nos sintiéramos cómodas, pese a
que, admitámoslo, fuimos más un estorbo que una ayuda. No conocíamos el
equipo, no conocíamos el proceso y estábamos sobreexcitadas. YUJUUUUUUUUUUUUUU!!! VIAASERBIRRAAAAAAAAAA!!!!!

Para colmo, yo apenas podía moverme de tanta prenda sobrepuesta (fijaos en las fotos, veréis que cambio de indumentaria varias veces porque me ponía y quitaba capas).


No nos resistimos a un nuevo cambio: ‘Mira qué lúpulo tan rico’ y Jose abre la bolsa metálica de un Galena verde esplendoroso (y ecológico aunque sin sello todavía) recién cosechado por Lupulina.cat. ¡Yo quiero, yo quiero, yo quiero…! Zasca! Galena pa la cazuela.
YUJUUUUUUUUUUUUUU!!! 

Echamos unas risas y unas cervezas, hablamos de todo, nos conocimos más, nosotras aprendimos un montón, perdimos
un porrón de litros de agua por un despiste primero y otros
tantos de birra  por otro 
después, casi me cargo el molino, nos echaron bronca por llegar tarde a comer, nos nevó…
en fin, un día completito.
Conozco a muchos cerveceros de profesión (a Maestros Cerveceros apenas), he
visitado muchas fábricas de cerveza, algunas grandes y otras pequeñas, aquí y
en otros países, pero ese día, en el pequeño obrador de Jose, entendí muchas
cosas sobre la cerveza y, sobre todo, sobre ese día a día que Jose,
en nuestras charlas, comparte conmigo.
Y te pones a echar cuentas de dinero y horas y riesgo y cansancio y preguntas: ¿En serio merece la pena? Y Jose dice: A mí me encanta…
Le perdí el
respeto a la cerveza y se lo gané al cervecero, en genérico, a todos los
cerveceros y a su trabajo. 
Echar cosas en una cazuela gigante es fácil pero eso no es hacer cerveza. Hacer cerveza es todo lo demás.

Y encima la birra está buena… ¡la hostia!
Espero que os guste al menos la mitad de lo que a mí me ha gustado explicarlo.

Días después, Jose me dijo: ‘Oye, para la próxima vez, por favor, no anuncies nada sin tener la birra hecha… qué mal lo he pasado, qué responsabilidad, qué presión…’
Pobrete…

4 pensamientos a “IPAntoja… la crónica rosa.

  1. Antes que nada, Dej Bůh Stěstí con el emprendimiento.

    Me quedo y coincido plenamente con lo de perderle respeto a la cerveza y ganárselo al elaborador (a los que hacen las cosas bien, claro), es algo que me ha sucedido también.

  2. Esta es bastante-muy amarga, sí… pero tiene más cosas, ¿eh?
    La próxima, si todo va bien, será una sour muy especial. Y la 3era, una Barley Wine de 12º. Como ves, hay para todos los gustos. Alguna seguro que te despierta las emociones. 🙂
    Muchísimas gracias por el deseo de suerte.

  3. Muchas gracias por tus 'bendiciones', Max. Viniendo de ti me hacen ilusión doble.
    De todo esto espero, sobre todo, aprender mucho sobre cerveza… y viajar y conocer gente… rentabilizarlo se da por supuesto, pero es lo de menos.
    Ya irás viendo cómo nos va. 🙂

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