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Susana Giner 16 mayo, 2016
Julian y Susana en la cervecera de El Oso y el Cuervo
Que se vea quién curraba, que se vea…

Tarde, muy tarde, lo sé, lo sé, ya no queda ni una botella de Skoria… pero es
que el post se quedó a medias y así sigue, porque ese finde pasaron muchas
cosas y ya nada volvió a ser igual. Yo regresé sola a Barcelona con un nudo en
la boca del estómago que todavía sigue ahí.



Mientras elaborábamos impliK2 y El Oso y el Cuervo Skoria Barely
Guay
nos notificaron lo que meses después nos empujaría a iniciar el proyecto
#AttacktheKrab!!, una cerveza que destina 
con mucha rabia los
beneficios de su elaboración y distribución a la lucha contra el puto cáncer.
Pero vayamos a la Skoria, que mi pornografía sentimental no es
interesante.
Llevar a palabras, incluso con talento, mi relación con Julián sería
banalizarla, así que paso. Sí diré que Julián y yo nos entendemos, nos
entendemos tanto que a veces nos aburrimos juntos porque ya sabemos qué está
pensando el otro y no tiene gracia, y es que Julián y yo nos parecemos un montón, pero él es
mucho más de todo lo bueno y mucho menos de todo lo malo y mucho mejor y mucho
más inteligente que yo. Y tiene mucho más pelo también.
Julián y yo teníamos ganas de hacer algo juntos. Descartados los niños
porque a mí me daba pereza y 
una travesía por un desierto cualquiera porque le daba pereza a Julián, pensamos en la paella más grande de la Historia pero no tenemos mano para el arroz, pensamos en una enciclopedia, en un viaje a marte, en un
partido político, un hotel de hielo, un libro de cuentos a 5 manos… y al final
nos decidimos por una cerveza.
Yo ya tenía medio pensado (pienso las cosas a cachos y luego las ordeno
por grado de estupidez) el proyecto impliK2, así que la ocurrencia tenía ya un
marco: haríamos una impliK2 con El Oso y el Cuervo
Yeaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!
Yuuuuuuuujuuuuuu!! 
Eso es caché.

Y empezamos.
Ponernos de acuerdo fue fácil: mando yo. 
Yo me puse muy pesada para imponer mi voluntad y acabamos haciendo lo
que Julián quería, como es lógico, y es que donde hay patrón no manda marinera.
***
Julián se puso con los detalles técnicos sin importancia: la maltas,
los lúpulos, la levadura, parámetros de densidades, temperaturas, tiempos… cómo
usar el jengibre y la piel de naranja sin que se joda la birra (que se ve que
no es tan fácil como echarlo en la cazuela, que la cerveza es muy pejiguera)…
vaya, esos asuntillos menores, insignificancias. Yo me puse con el nombre, aspecto
muchísimo más importante, dónde va a parar…
Julián y yo jugamos a ser escoria en privado. Nos reímos de los guays y
de los snobs lo que viene siendo la cantidad equivalente a un huevo, o sea
mucho. Lo hacemos siempre en privado, en plan ruin, como nos es propio.
Fantaseamos con ser algo en la vida, conscientes de que nunca lo seremos porque
nos falta punch y no sabemos sostener el vaso de cerveza entre dos dedos al
final de un brazo colgandero con una postura corporal estudiadísimamente
indolente y colocada (de THC) sin que se nos derrame la mitad.
En un arrebato de orgullo de
clase, le grité a Julián, puño en alto (tiré el ratón, derramé la cerveza y casi me caigo de la
silla), que quería dedicar la birra a todos nosotros, a la escoria!!! Julián dijo
que vaaaaaaaaaale, bueeeeeeeeeeeeeno y María, que es una santa, con los ojos en
blanco de mirar tan al cielo me dejó hacer…
Y le pusimos Skoria con K de Susanika, porque era la única forma de
hacerme callar. Lo de Barely Guay (apenas guay) es una genialidad de Julián al
100%, que ese día estaba inspirao…
Ya sabíamos qué queríamos hacer y cómo lo íbamos a llamar. Quedaba
hacerlo, claro, pero eso está chupao… Echamos malta, levadura y mucho lúpulo en
una olla grande, lo cocemos y reservamos, y luego echamos más levadura y más
lúpulo y esperamos que fermente y lo juntamos con el majado anterior, ah, y el
jengibre y la piel de naranja se echan al principio, que lo he olvidado, junto
con el lúpulo primero… y entonces filtramos y maceramos bien un par de
semanas
dentro de la botella a temperaturas que no sobrepasen los 100ºC, porque si no
hierve y el agua se estropea y lo echamos al fermentador y esperamos. Esperamos
algo y le echamos más lúpulo. Ah, y chapamos.
Chupao, sí, porque hacer birra es facilísimo, no tiene misterio ni
ciencia ni arte, lo complicado, aparte de ponerle nombre, era desplazarse a
Noblejas, que es donde este oso tiene su nido y los alambiques (esta humilde juntaletras y su partner residen en Barcelona), porque, por más que insistimos, Noblejas no quiso venirse aquí. Y, claro, nobleja obliga… 😛


Etiqueta cerveza artesana impliK2 y El Oso y el Cuervo
En la etiqueta, obra de Julián, aparecemos los 3 perpetradores 

Como Noblejas nos pilla un poco retirado, casi tanto como Gijón o
Granada, no encontrábamos la ocasión de ir; tenerla la teníamos, la ocasión,
pero no sabíamos dónde.
Un evento de guardar en Madrid nos dejó a tiro de piedra más un
trecho en bus de Noblejas, y aprovechamos.
El resto fue muy bonito: reencuentro con Julián, mi brother barbudo y
amable, y su familia, que nos trataron tan bien que parecía que Julián no les
había hablado mal de nosotras. 
El resultado de 18 horas de elaboración (la birra coció 4 horas), mi
buen hacer y los brazos fuertes de Julián, muchísimos kilos de malta (partimos
de una densidad inicial de 1.110) y 6 meses de espera, fue un cervezote
espectacular. Con Skoria aprendimos que las Barley Wine necesitan más de 6
meses, bueno, Julián ya lo sabía pero yo soy una impacienteee! (un año después de lanzarla al mercado estaba mucho mejor incluso), aprendimos
que nadie lee las etiquetas, sobre todo cuando el tamaño de la fuente es menor
de 3 puntos, aprendimos que hay mucha más gente estúpida y mucho más estúpida
de lo que imaginábamos, aprendimos que, si una rosca no cierra bien, se pueden
perder muchos litros y que si echas cosas a lo burro y no tienes cuidado, los
tubos se atascan. Lecciones muy útiles, sobre todo las dos últimas.
Así rezaba la etiqueta de nuestra Skoria:

Entre otras clasificaciones posibles, la Humanidad puede dividirse en
dos categorías: los guay y los no-guay. Como los humanos tendemos a rodearnos
de semejantes, no solemos mezclarnos. 
Los no-guay somos mayoría. Se nos distingue por ser feos y bajitos,
aunque hay alguna excepción. Somos cosas mucho peores pero no son tan evidentes
y solo se manifiestan cuando nos tratas. Dentro de los no-guay existe una
subcategoría muchísimo más despreciable: la Skoria. No entraré en detalles
descriptivos por no herir sensibilidades. Por generosidad de especie, a la
Skoria se nos permite existir siempre que no demos demasiado por culo. 
A veces nos juntamos dos o tres y hacemos cerveza… y salen cosas
riKas.

By SusaniKa



Julian y Susana en la puerta de la cervecera de El Oso y el Cuervo
¿Queda claro que nos parecemos mucho?

En breve, la Skoria se reúne para perpetrar otra vez.

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