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ddspumat 5 septiembre, 2019

De esto hace ya bastante tiempo. Todavía no había empezado la era del Lonchafinismo, Kamon Ipa y Jorge Solana no bebían Mahou y El Jardín del Lúpulo no era más que una macetica con 4 hierbajos. Rodrigo Valdezate

ESTA TÍA QUÉ SABRÁ
Un artesano se cabreó mucho conmigo una de esas veces que en el blog se dijo algo que se parecía a “la cerveza artesana es cara” sólo porque en una misma frase aparecían las palabras “cerveza” y “cara”. ¿Qué más da qué partículas unían las palabras? ¿Acaso importa más el sentido de la frase que su apariencia? Desde luego que no. Tampoco importa que no fuera yo la autora de la frasecita de marras.
Es que NO se puede dejar pasar una oportunidad de ofensa, con lo que escasean en esta época tan políticamente correcta.

El artesano, a quien le sé mucha inteligencia, sabe perfectamente lo que tiene que saber para no sentirse ofendido (de hecho sus cervezas son en mi opinión “baratas”), lo que ocurre es que hay cosas que mejor no cuestionar, no sea que al consumidor le dé por pensar al consumidor.
Pues, mira, se puede hablar del precio de las artesanas y de su calidad, lo mismo que se debería poder hablar y cuestionar a Dios, al Papa, a Juan Carlos I, a Mahoma, los Misterios del Rosario…
Y hacerlo abiertamente es causa y consecuencia de madurez del sector.
Tú sabes mucho de cerveza, de elaboración de cerveza, de procesos, de materias primas, de gestionar una fábrica…
Yo sé de PVP y de lo que el cliente quiere y de lo que le sobra y de lo que echa en falta, porque es mi trabajo.
Aunque para tratar según qué asuntos, no hace falta estar doctorado en Económicas porque la cuestión se reduce a un mero planteamiento matemático: esta cerveza cuesta más dinero que aquella y menos que aquella otra y me voy a quedar con la que, al bebérmela, me haga sentir más guay.

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