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ddspumat 19 abril, 2019

Durante un tiempo, Steve (Huxley) venía por el bar muchos lunes. En aquel entonces éramos muy pocos todavía en esto de la birra artesana y nos conocíamos todos.
La Anchor Liberty que bebíamos en España todavía estaba rica.

Steve entraba, nos daba dos besos, farfullaba algunas frases bajo los pelos amarillos del bigote, se pedía una Anchor Liberty y se sentaba en la terraza.
A mí me sorprendía. Con los pepinakos que teníamos y se pedía una birra tan sencilla??

Un lunes, tras muchos lunes, en lugar de preguntarle directamente sobre lo que me inquietaba, le ofrecí una archiburra IPA americana recién adquirida, que eran las birras por las cuales se daban de hostias los friquis cerveceros. Steve la rechazó con delicadeza, me pidió una Liberty y se fue a la terraza.
No sé si fue ese día u otro, el caso es que al final le acabé preguntando que cómo es que se pedía esa cerveza, que era muy suave, muy sencilla… con las birrakas que teníamos en la carta!
No recuerdo qué me dijo exactamente, pero recuerdo que fueron pocas las palabras. Me dio a entender que cuando has probado tantas cervezas, que cuando has ido y vuelto tantas veces, acabas harto de estridencias. Me dijo que es entonces, cuando ‘sabes mucho’, cuando prefieres cervezas sencillas porque es entonces cuando sabes apreciarlas, y que una cerveza sencilla bien hecha es lo máximo.
No lo niego: pensé que era un poco de postureo. Steve también tenía derecho a posturear, ¿o no?
Años después, cuando me veo perder el culo por las pils y las pale ale, cuando me oigo decir cosas como uf, qué pereza me da probara esa birra de tantos grados o tantos ibus o tantos mandangos… o llegar a un local especializado y preguntar ¿tienes alguna buena pils? me acuerdo de Steve. Entonces pienso que quizá se ha acabado una etapa.

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