Susana Giner 21 junio, 2018
Un bar cutrecillo de una de las ciudades con un nivel de vida más bajo de España, según algún estudio ‘oficial’ de hace varios años. En la tele, al partido le quedan 5 minutos, España gana 1 a 0 a Irán. Creo que el gol lo ha metido Costa de chiripa.
Un tipo joven con una camiseta de la Selección Española suelta tacos constantemente mientras se toma a morro un botellín de Mahou y unas aceitunas negras cortesía de la casa. Va en chanclas, camiseta oficial y pantalones viejos y le faltan varios dientes. A la rubia de bote y aros en las ojeras que va con él también le faltan varios dientes. Pasa del partido.
Un tiro a puerta de La Roja se va fuera. El tipo se caga en su puta madre, en dios y en la virgen mientras golpea en su muslo, en la mesa y en el aire.
La rubia desdentada le pide que se calme pero le pone que 
su maromo se encabrone así y se arrima a él.

Acaba el partido. El comentarista dice que España está primera de grupo empatada con no sé qué otra selección.
-¡Pero primeros, ¿no?! Pues eso, vamos los primeros, me cago en mi puta madre. ¡Vamos los primeros, con dos cojones! SOMOS LOS MEJORES.
Veo a Ramos en la tele y a Reina y a De Gea y miro al joven de las chanclas y la camiseta que le ha costado la mitad del sueldo y el quinto a morro en un bar barato de una ciudad que se despuebla; vuelvo a mirar a los millonarios de la tele que cobrarán casi un millón de euros por cabeza (cada uno) si ganan este Mundial, es decir, por hacer su trabajo, y vuelvo a mirar al chaval, y justo en ese preciso instante entiendo lo que estoy viendo.
Tenéis razón, el fútbol es necesario.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo electrónico no será visible. Los campos obligatorios están marcados con *