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Susana Giner 8 enero, 2019

Mediados de diciembre. Campaña de Navidad. La tienda es una pasarela de personas ansiosas de regalar. Muchas de ellas llegan con un objetivo claro: quedar de puta madre gastando lo menos posible. ¿Y quién no? En la mayoría de los casos, la cerveza solo debe cumplir un requisito: ser regalable. Todavía desconozco cuál es el criterio de elección y en qué consiste esa cualidad, la de regalable, que varía de persona en persona, así que improviso.

No es estético decirlo, lo sé… pero hay clientes más correosos que otros. Y hay días que los tienes mejor que otros y, por ende, otros que los tienes todavía peor.

Se pasea por toda la tienda, evaluando las etiquetas con la actitud de turista snob en una galería de arte independiente. Se acerca, se aleja, evalúa… con una mano en la barbilla, el otro brazo cruzado sobre el estómago, las gafas un poquito descolgadas sobre la punta de la nariz.
Tímidamente varias veces le he sugerido que lo que hay dentro de la botella tiene también importancia… y que si quiere que le eche una mano, que yo las conozco todas.

Tras repasar todas las estanterías, se planta delante de la estantería donde están las cervezas de Montseny.
-Woooooooooooooaaaaaaaaaaaaaaaaaaalaaaaaaaaaaa…
Y yo: ????
-Cuántas etiquetas distintaaaaaaas! -dice absolutamente maravillada.
Me aproximo, con la actitud de quien se ofrece para que me pregunte… tómame, tómame, hazme tuya… Sin apartar la mirada de las botellas, parece hiptonizada, me pregunta. 
-¿Saben diferente?
-Estoooo… que ¿qué?
-Que si saben diferente.
-¿El qué? -No me puedo creer que me esté preguntando lo que creo que me está preguntando.
-Las cervezas esas. Tienen muchas etiquetas distintas.
-Estooo… pues…
-¿Saben diferente?
-Sí, claro… Son cervezas distintas.
-¿Y saben diferente?
-Esto…. sí, claro… son recetas distintas…
-¿Y saben diferente?
-Puessssssss… sí, claro… son recetas distintas porque tienen ingredientes distintos, elaboraciones distintas… sí, saben diferente.
-¿Y entonces son diferentes?
Y es en ese momento exacto cuando entra en mí ESO que me hace decir ciertas cosas… esa malignidad cuyo origen, seguro, es una vida anterior porque en esta, que siempre he sido autónoma, no he tenido tiempo de merecer.
-Vale, no…  Todas son la misma cerveza -acepto con tono fingido de derrota, en plan ‘me has pillao’.
-Ah, ¿sí?
Juro que lo hago pensando en que se va a dar cuenta de la broma, así que sigo con lo más estúpido que se me ocurre:
-Esta gente en realidad se dedica a vender etiquetas…
Sigue embelesada mis explicaciones y yo me vengo arriba:
-Porque la verdad es que la empresa es una imprenta especializada en etiquetas.
Mi bola es cada vez más grande y más redonda y más brillante y huele peor, pero ella me mira encandilada.
No puedo evitarlo. Continúo haciendo crecer la bola:
-Lo de la cerveza es una excusa. Se compraron la fábrica de cerveza para poder vender más etiquetas. No tienen ni idea de hacer cerveza, les quedan buenas porque tienen suerte.
Ella traga y traga. Mi ruindad densifica la atmósfera y al final no puedo soportar más la presión:
-Es broma! -exclamo abriendo los brazos en un gesto de ‘¿no te das cuenta de lo absurdo que es lo que te estoy diciendo????’
Me mira con unos ojos enormes y me dice:
-Ah, ¿sí? ¿Es broma?
-¡Pues claro!
-Oye, pues era una idea genial!

3 pensamientos a “Dan ganas, ¿o no?

  1. Y luego hay gente q sigue hablando de la birrangelización… Con lo fácil que es mandarles a un Día o a un Lidl y q molesten a otros!!

  2. ¡JAAAAAAJAJAJA! ME HUBIERA GUSTADO ESTAR EN TU CABEZA MIENTRAS IBAS MAQUINANDO TODO JIJIJI. MUY JUENA PERLAKA. EXIGIMOS UNA SEMANAL MÍNIMO. BESOS.

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